“Todo en la tierra y entre las estrellas tiene alma verdadera y toda vida es sagrada. Pero, tú no comprendes nuestras oraciones cuando se dirigen al Sol, la Luna y el Viento. Nos has juzgado sin comprendernos, solo porque nuestras oraciones son diferentes.Pero nosotros somos capaces de vivir en armonía con toda la Naturaleza. Toda la Naturaleza está dentro de nosotros y nosotros somos parte de la Naturaleza.” - Jefe indio Nube Blanca -.
Cuando era un chaval leí un libro para la clase de filosofía del instituto donde un occidental explicaba porque los indios consideraban sagradas a las vacas, y no comían carne de vaca, cosa que yo desconocía totalmente. Según este señor era por puros motivos económicos, años después realicé mi primer viaje a India, y descubrí algo que me sorprendió mucho que en realidad hay un gran número de vegetarianos en India que no toman carne de ningún animal, incluso hay regiones enteras consideradas sagradas donde la inmensa mayoría, si no todos, son vegetarianos.
Durante este viaje también comprendí que no solo las vacas son sagradas en india, sino que la vida en sus múltiples expresiones es sagrada. Todos los dioses tienen su propia montura animal, y todos ellos son sagrados y divinos: la vaca Nandi conduce a Shiva, Garudha el aguila es la montura de Vishnu, un cisne transporta a Saraswâti, un ratón a Ganesha, un pavo real a Kartikeya... En otros casos los mismos dioses son animales o toman atributos de ellos, tenemos al dios-elefante Ganesha símbolo de sabiduria, fuerza e inocencia, la serpiente cósmica Ananta sobre la cual reposa Vishnu y el dios-mono Hanuman, el discípulo perfecto, los avatares de Vishnu como tortuga, pez o jabalí... Uno de los ejemplos más impactantes es el templo de las ratas, un templo de Ganseh y su montura, en el interior de dicho templo se alimentan las inumerables ratas sagradas y todo devoto que acude al templo convive con ellas.
Es evidente que la tecnología y el mundo moderno occidental con la coca-cola y sus pollos asados ya han hecho mella en esta cultura ancestral, especialmente en las enormes y contaminadas ciudades de este país, donde las vacas, elefantes, serpientes y monos son desplazados por los coches y rikshaws. Pero fuera de las grandes urbes los animales se mezclan sin miedo con los humanos, recuerdo por ejemplo que en Vrindaban los cerdos salvajes paseaban y dormían en las calles de la ciudad con la misma tranquilidad que las vacas, nosotros incluso pensábamos que eran domésticos, pero luego comprendimos que no, que los animales están tranquilos porque saben que nadie los va a agredir ni a comer. También los árboles, el viento, el sol, los ríos, la luna y todos los astros son sagrados; ¿de donde viene ese sentimiento de lo sagrado? ¿Es una cuestión económica? ¿No será que el occidental mira todo con su desfiguradora concepción del mundo? Para mi es simple su cultura respeta y venera la vida universal, tal y como antiguamente realizaban la mayor parte de las culturas en todo el planeta.
El sentido de lo sagrado no es propio de cultura ninguna, sino que es la expresión natural del humano sensible. Podemos rescatar este sentimiento en fuentes occidentales como el “Cántico a las criaturas” de San Francisco de Asis, pero es en los pueblos nativos que el occidental ha considerado salvajes donde este sentimiento y forma de vida se conservo inmaculado durante siglos. Los pueblos nativos de Norteamérica, eran mayoritariamente vegetarianos antes de la llegada del hombre blanco, y aun siendo cazadores algunos de ellos respetaban el equilibrio de la naturaleza. Tomaban solo lo que necesitaban y así estaban en armonía, porque sentían que formaban parte de la Madre Tierra y de la vida que habitaba en todos los cuerpos. No sabemos mucho de quienes eran, pero desde luego no eran primitivos sino una raza de hombres de gran valor. Su sabiduría es eterna, pues esta conectada con la esencia vital que fluye en todo, y por eso aun nos conmueve.
¿Enseñará a sus niños lo qué nosotros hemos enseñado a los nuestros? ¿Que la tierra es nuestra madre? Lo que acontece a la tierra acontece a todos los hijos de la tierra.
Esto sabemos: La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Todas las cosas están unidas como la sangre que nos une. El hombre no teje la telaraña de la vida, él es meramente un hilo en ella. Cualquier cosa que él haga a la telaraña, se la hace a él mismo.
Una cosa sabemos: Nuestro Dios es también su Dios. La tierra es preciosa para él y herir la tierra es despreciar a su creador. - Fragmento de un discurso del Jefe Seattle -

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