martes 26 de mayo de 2009

La visión holistica e integral de la vida

Hay una visión, una ciencia materialista, que se ha empeñado en dividir todo en porciones y en realizar interminables inventarios de las cosas que nos envuelven. En eso se basan la mayor parte de estudios y ciencias actuales en tener precisos inventarios de las piezas que componen las cosas. Los inventarios son útiles en cierta medida, pero una ciencia basada en inventarios es una ciencia limitada.

La visión holística propone primero desenfocar la visión, buscar una perspectiva más amplia que nos permita ver el conjunto, la totalidad del proceso. Por otro lado nos recuerda que no importan solo las cosas, sino el modo en que se relacionan e interaccionan. Para estudiar el cuerpo físico de un hombre, observamos que hay órganos, tejidos, células que lo componen. Si un órgano deja de funcionar, el resto se ve afectada porque no son algo separado sino que forman parte de una unidad superior. El holismo es una ciencia orgánica: Las partes y el todo son interdependientes, pero el "El todo es más que la suma de sus partes".

Y sin embargo lo físico es solo una parte de lo humano. ¿Y el movimiento, la energía, la respiración? Si no hay respiración, si el aliento no mueve el cuerpo, algo se ha detenido. ¿Como puedo comprender lo que soy como humano, si no contemplo ese movimiento vital? También hay que considerar el pensamiento, la mentalidad, la imaginación pues si estas facultades desaparecen el hombre ya no es el mismo, aunque respire y su corazón bombee sangre. Y acaso la mentalidad es nuestra o somos también un pedazo de un mentalidad social mucho más grande, que nos dicta el modo de vestir, comer, dialogar... Observando desde distintas escalas y perspectivas, cuando una mente lúcida es capaz de descender y ascender por los distintos niveles de comprensión y abstracción, aparecen un conocimiento intuitivo más amplio. Es ver la parte en el todo, el todo en la parte. ¿Es eso el hombre? ¿Es esto la vida? Quizás al intentar abordar la Vida sin dividirla nos entre una especie de vértigo como si viéramos un gran paisaje al borde de un abismo. Un silencio, un latido, un aliento que no se detiene, un paso más en la senda.