Las siete bhumikas pertenecen a la senda del Jñana Yoga. Las 7 bhumikas describen las siete etapas de creciente toma de conciencia espiritual del yogui, a partir del mero deseo de verdad que representa el estado final de la superconciencia, la realización de Brahman.
Las siete bhumikas del jñana yoga son:
1. Subheccha (deseo de la verdad)
2. Vicharana (investigación, la instrucción)
3. Tanumanasi (hilo-como la mente)
4. Sattvapatti (logro de la pureza)
5. Asamsakti (desprendimiento total)
6. Padartha (conciencia ininterrumpida del Ser Absoluto)
7. Turiya (el cuarto estado más allá de vigilia, sueño y sueño profundo.
Subheccha
Este estado primero y fundamental de la sabiduría se caracteriza por una fuerte determinación para estudiar las enseñanzas espirituales y ponerlas en práctica, así como a asociarse con personas de mente espiritual y maestros. Es un estado de anhelo de gran alcance para la realización espiritual.
Vicharana
La segunda etapa de vicharana significa investigación profunda. Esta es la etapa de las siete bhumikas donde las enseñanzas en realidad se están poniendo en práctica, por ejemplo a través de la práctica de la meditación y la auto-indagación.
Tanumanasi
Por la práctica de la investigación y la meditación según se menciona en la tercera etapa del conocimiento de las siete bhumikas denominada tanumanasi, la mente se transforma poco a poco. Centrada en sí misma trasciende los intereses mundanos y disminuyen las pasiones, por lo que es más fácil concentrarse en la práctica espiritual.
Así, la mente no estará más dispuesta ni sometida a los altibajos de las emociones y deseos, Tanumanasi a propósito se puede aplicar a la búsqueda más desinteresada y espiritual.
Sattvapatti
En el siguiente estado de sattvapatti, la mente se ha convertido en pura. A través de la práctica espiritual, las calidades inferiores (o gunas) de la ignorancia (tamas) y de la pasión (rajas) se han transformado en la conciencia y la pureza (sattva).
Una mente pura actúa como la superficie de un lago en calma que refleja la conciencia superior. La verdad del Ser Absoluto se percibe directamente. En este estado, los vasanas (tendencias arraigadas) que componen la personalidad se destruyen, dando paso a la experiencia del Ser Absoluto. El yogui en este momento ve el universo como un sueño.
Asamsakti
Asamsakti es un estado de completo desapego. Es causado por la práctica de los previos cuatro estados de las siete bhumikas. Esta actitud completamente desinteresada y distante hace que el yogui se halle firmemente establecido en el conocimiento de si mismo. La experiencia interior es una de bienaventuranza y de felicidad completa.
Aunque no se ve afectado por circunstancias externas, el yogui en esta etapa todavía será capaz de llevar a cabo acciones voluntarias.
Asamsakti es considerada como sinónimo de jivanmukti, la liberación del que permanece al mismo tiempo en el cuerpo.
Padartha
Padartha se estableció mediante la práctica de los anteriores cinco estados de conocimiento de las siete bhumikas. En este estado, una persona está tan inmersa en la realización de lo absoluto que ella no tiene idea de lo interno o externo, propio o ajeno, y se involucra en acciones sólo cuando es impulsado a hacerlo por los demás.
Turiya
Turiya es el estado final. Es el estado de "superconciencia", en el que está completamente imbuida la conciencia del yogui, absolutamente inmersa en Brahman (el Ser Absoluto) y el mundo ya no se experimenta como algo separado de Brahman.
Turiya significa literalmente "el cuarto", ya que es un estado de conciencia más allá de la fluctuación de los tres estados de vigilia, sueño y sueño profundo. Ramana Maharshi describe turiya como el estado real y natural de él mismo. En lugar de un estado especial, además de los otros tres, que es su base, turiya es considerad en las siete bhumikas como sinónimo de videhamukti, la liberación sin un cuerpo.
Conclusión: Como un concepto más teórico de la senda del Jnana Yoga, las siete bhumikas no contienen las prácticas espirituales o enseñanzas prácticas como tales. Las siete bhumikas deben constituir para el estudiante mucho más que ser vistas como una simple hoja de ruta para el desarrollo espiritual. Las siete bhumikas le pueden dar al buscador una idea de la finalidad última de la evolución espiritual y ayudarle a clasificar e identificar las diferentes etapas del yoga en el camino del discípulo.
Yoga, la muerte y el despertar del cuerpo
Hoy 25 de diciembre, día de Navidad en que se produce una vez más esa fecha anual en que se aprecia mas que nunca la programación masónica illuminati reptiliana a la que está sometido el planeta Tierra, quiero recordar como hace años empecé a transitar la senda del yoga junto a mi Maestro Tanumânasî, por aquel entonces le conocia simplemente por Jesús y acudía a sus clases maravillosas de yoga y meditación... ya había recibido de su mano practicas de yoga mental, y el me explicaba sobre los chakras, la kundalini, los mantras, la kabala, la alquimia, el tarot y su mágico mundo de maestro de Yoga, y yo intentaba captar esas cosas con esta pequeña cabeza.
Antevâsin consideraba entonces la muerte como un misterio de la vida, intuía que detrás de los llantos y la espectacularidad de la sangre se ocultaba una gran oportunidad para aquellos que estuviesen preparados, una iniciación, una puerta, que atraía mi curiosidad... y sobre la cual quería conocer más, ya que a penas había tenido contacto con ella.
Un día le dije: “Jesús, quería trabajar con el tema de la muerte”, el me respondió amablemente y yo entendí que me centrara en el cuerpo. Como no era la respuesta que esperaba, pensé que no me había entendido o no me quería responder, pero que quizás no era mi momento, que tenia que empezar por las asanas, el Hatha Yoga y practicas sencillas, antes de abordar la muerte. De todas formas hice lo que él me dijo, empecé a prestarle mucha atención al cuerpo, a lo largo del día. No estaba centrado en ningún lugar del mismo, sino en todo él, y poco a poco fui experimentando una mayor sensibilidad del mismo.
En aquel momento tuve la impresión de que durante años no me había permitido percibir el cuerpo, que había estado en un letargo, mientras yo vivía desde “la cabeza” centrado en ideas y emociones. Sentía que en el había un sentimiento similar a la tristeza, el cuerpo sentía y sabia que iba a morir. Durante años me había apartado del cuerpo y retirado a mi mente y emociones como un intento a escapar de la muerte, de escapar a la certeza de la muerte. Durante el tiempo que este sentimiento permaneció me sentía mas vivo, a veces vulnerable, como un animalillo herido, pero libre de preocupaciones triviales, feliz de estar vivo y muy centrado en lo que realmente era vital para mí. También recuerdo que el optimismo incondicional y la presencia de mi Maestro me ayudó mucho.
Hoy en día la muerte continua siendo un misterio, apenas se nada. Solo tengo siempre presente en cada instante que la muerte está esperándome, el cuerpo lo sabe. No tengo certeza de qué sucederá, quizás una parte de este Ser pueda trascender la muerte y atravesarla. Se que tan solo se vive un tiempo en esta Tierra, un tiempo precioso para acumular experiencias, un tiempo precioso.
Hay momentos en que la vida nos hace un regalo y nos hacemos conscientes de la muerte. A veces algo aparentemente casual nos sucede, simplemente al volver del trabajo y llegar a la estación del tren nos encontramos con el cadáver de un hombre que se arrojo a las vías; otras muere alguien cercano a nosotros o tenemos un accidente muy fuerte. Entonces si enfocas la experiencia de cara, dejando a un lado emociones e ideas, podrás sentir y experimentar la certeza de que la muerte es inminente. No hay tiempo que perder, la vida es muy corta. Dejando atrás el sentimentalismo, nos liberamos de nuestras pequeñas miserias, nos volvemos responsables y empezamos a vivir en plenitud yendo desprendidos hacia la muerte.
Antevâsin consideraba entonces la muerte como un misterio de la vida, intuía que detrás de los llantos y la espectacularidad de la sangre se ocultaba una gran oportunidad para aquellos que estuviesen preparados, una iniciación, una puerta, que atraía mi curiosidad... y sobre la cual quería conocer más, ya que a penas había tenido contacto con ella.
Un día le dije: “Jesús, quería trabajar con el tema de la muerte”, el me respondió amablemente y yo entendí que me centrara en el cuerpo. Como no era la respuesta que esperaba, pensé que no me había entendido o no me quería responder, pero que quizás no era mi momento, que tenia que empezar por las asanas, el Hatha Yoga y practicas sencillas, antes de abordar la muerte. De todas formas hice lo que él me dijo, empecé a prestarle mucha atención al cuerpo, a lo largo del día. No estaba centrado en ningún lugar del mismo, sino en todo él, y poco a poco fui experimentando una mayor sensibilidad del mismo.
En aquel momento tuve la impresión de que durante años no me había permitido percibir el cuerpo, que había estado en un letargo, mientras yo vivía desde “la cabeza” centrado en ideas y emociones. Sentía que en el había un sentimiento similar a la tristeza, el cuerpo sentía y sabia que iba a morir. Durante años me había apartado del cuerpo y retirado a mi mente y emociones como un intento a escapar de la muerte, de escapar a la certeza de la muerte. Durante el tiempo que este sentimiento permaneció me sentía mas vivo, a veces vulnerable, como un animalillo herido, pero libre de preocupaciones triviales, feliz de estar vivo y muy centrado en lo que realmente era vital para mí. También recuerdo que el optimismo incondicional y la presencia de mi Maestro me ayudó mucho.
Hoy en día la muerte continua siendo un misterio, apenas se nada. Solo tengo siempre presente en cada instante que la muerte está esperándome, el cuerpo lo sabe. No tengo certeza de qué sucederá, quizás una parte de este Ser pueda trascender la muerte y atravesarla. Se que tan solo se vive un tiempo en esta Tierra, un tiempo precioso para acumular experiencias, un tiempo precioso.
Hay momentos en que la vida nos hace un regalo y nos hacemos conscientes de la muerte. A veces algo aparentemente casual nos sucede, simplemente al volver del trabajo y llegar a la estación del tren nos encontramos con el cadáver de un hombre que se arrojo a las vías; otras muere alguien cercano a nosotros o tenemos un accidente muy fuerte. Entonces si enfocas la experiencia de cara, dejando a un lado emociones e ideas, podrás sentir y experimentar la certeza de que la muerte es inminente. No hay tiempo que perder, la vida es muy corta. Dejando atrás el sentimentalismo, nos liberamos de nuestras pequeñas miserias, nos volvemos responsables y empezamos a vivir en plenitud yendo desprendidos hacia la muerte.
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